¿Qué es eso de la mediación cultural y de la educación no-formal?



Mercedes Bueno Aladrén

Graduada en BBAA y Máster en Museos: Educación y Comunicación por la Universidad de Zaragoza

Colaboradora de Museos Creativos


Si me permiten les voy a relatar una historia que ilustra el sentido de este artículo en torno a la re-consideración de los mediadores culturales y las posibilidades de trascendencia de la educación ¿no-formal? que impartimos en los centros culturales y también en los museos.

Al pintor Emilio Fernández-Galiano (Madrid, 1961) le escuché[1] relatar que «gracias a Lourdes Amigo, profesora de Historia del Arte, le fue dado a conocer el Museo del Prado, al cual acudían los alumnos todos los miércoles por la mañana durante el curso en que la asignatura era estudiada» (Jimenez Martínez de Velasco, 2014) y cómo en aquellas visitas guiadas por el museo descubrió, además de la luz especial que bañaba al Niño en la Adoración de los pastores (Theotokópoulos, 1612-1614), obra del El Greco (Candía, 1541- Toledo, 1614), la que iba a ser la pasión de su vida: ser pintor.


Es curioso observar cómo esta incursión al museo de un grupo escolar con su profesora, proveniente de la educación formal, coincide en alguno de sus aspectos con las acciones de los educadores de museos y a éstas se las denomina como la educación no formal. Resulta obvio que existe una distancia en las formas de entender la educación artística: en mi opinión ¡es educación sin más! y que es necesario re -visar esta definición cuya coletilla es una acepción negativa que lastra peyorativamente todo su significado.


Damos por hecho que todas las partes implicadas conocen y entienden qué es esto de la mediación cultural, pero por si todavía queda alguien, permítanme recordar las características descritas para este perfil disciplinar por el autor Jorge Morales Miranda (Morales, 2001):

· Ser considerada como un eficaz instrumento de gestión.

· Ir dirigida al público general - visitante del patrimonio.

· Ser una actividad libre y voluntaria.

· Mantener el contexto recreativo en que se encuentra el visitante.

· Ser inspiradora, que llegue al espíritu de los individuos.

· Estimular el uso de los sentidos.

· Ser motivadora y provocativa.

· Ser sugerente y persuasiva.

· Estimular la participación activa.

· Orientar e informar acerca de hechos concretos.

· Estimular el sentido crítico.

· Entregar un mensaje claro.

· Entregar un mensaje breve.

· Ser comunicación atractiva.

· Revelar significados e interrelaciones.

· Contribuir a la conciencia ciudadana.

· Contar con la presencia real del objeto.

· Recaer en lo posible en actividades personalizadas - con un guía.

· Mantener como meta la conservación del patrimonio.


Los mediadores culturales somos un colectivo de profesionales que estamos formados académicamente: la cualificación habitual es de graduados, licenciados en Historia, Historia del Arte (M.N.C.A.ReinaSofía, 2019), en Arqueología, Magisterio, Comunicación, en Bellas Artes, etc. En la mayoría de los casos se adicionan con estudios de postgrado como el Máster en Museos: Educación y Comunicación de la Universidad de Zaragoza, como es mi caso e incluso algunos con tesis de doctorado en curso.


En el desempeño de nuestras actividades investigamos, desarrollamos y creamos programas de actividades especializadas para distintos tipos de públicos, interpretamos lingüísticamente[2] el patrimonio y sus características, generamos espacios de participación, de diálogo y colaboración con las personas. Entendemos que nuestro rol implica un modo comprometido de operar con las nuevas necesidades de la sociedad, señalando nuevos retos, propiciando la reflexión, la empatía y también ¿por qué no? la crítica: en suma sentimos que nos incumbe una gran responsabilidad social.


Estamos convencidos que lo educativo es generar conocimiento crítico, nosotros ¡no somos monitores de tiempo libre que «entretienen» a niños pintando en el aula didáctica del museo! y coincidimos con María Acaso cuando afirma que «la parcela de la educación y la de los educadores está socialmente desprestigiada unida a nociones como lo infantil, el servicio, la expresión y la creatividad mal entendida» (Acaso, 2015).



Imagen núm. 2.

Obsérvese la sección que ocupa la información relativa a los tres talleres, aproximadamente una tercera parte del cartel, con letra cada vez más pequeña, no aparecen términos alusivos a la mediación cultural o a la mediadora cultural que ha diseñado e impartido los talleres, a su cualificación formativa y/o profesional.


Parece obvia la necesidad de abordar diversas reflexiones tendentes a re-pensar y actualizar los conceptos relacionados con la mediación cultural, un asunto que se presenta complejo y que requiere de la realización de esfuerzos concretos de los distintos agentes implicados como son los públicos, las educadoras, los artistas, los curadores…

Los mediadores culturales, los educadores de museos, deseamos realizarnos profesionalmente y ser reconocidos en condiciones de igualdad con el resto de los departamos de las instituciones culturales y / o museísticas que nos demandan, porque ese es nuestro sueño, ese es nuestro deseo.



[1] El 12/11/2014 entrevisté a Emilio Fernández-Galiano en su estudio de Madrid, para un trabajo académico, que si lo desean lo pueden acceder a él en http://mercedesbueno.es/analisis-de-la-obra-de-emilio-fernandez-galiano-el-intuitivismo-2014/


[2] El doctor Giuseppe Trovato ha investigado sobre la mediación lingüística (entre lenguas afines) y sostiene que «la mediación asume un papel muy similar al de la traducción oral o interpretación, ya que entran en juego los aspectos lingüísticos típicos de la oralidad, cuya complejidad no se puede infravalorar en el marco de la comunicación mediada» (Trovato, 2013).

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