Educación en el museos. De recetas, ingredientes, procesos y experiencias.



Este texto es una analogía entre la educación en museos y lo culinario, que me parece apropiada para acercarnos al museo de una manera creativa, innovadora y proactiva, rumbo a la creación e innovación. Las experiencias de trabajo en el museo tienen que ver con la acumulación de saberes, muchas horas de práctica, experiencias compartidas con diferentes visitantes y colegas que suman una serie de ingredientes, construcciones creativas como las de los chefs. Estos ingredientes son esenciales en el día a día de los educadores, mediadores, interpretes o activadores del museo y generan un particular efecto en nuestro rol profesional y de las interacciones e impacto que queremos lograr en nuestros propios espacios.

Esta reflexión inicia, porque hace varios meses llegó a mis manos por parte de un colega argentino, Germán Paley, (Coordinador de Comunidades del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires), sobre la existencia de un libro editado por el museo MACRO de Rosario, Argentina, que propone una activación con los visitantes a partir del Arte Contemporáneo[1].  Mediante un formato tipo receta, en el que participaron artistas y otros profesionales vinculados con la cultura a desarrollar una alternativa “suculenta” para proponer alternativas a las personas hacia las obras de arte, Contemporáneo, de forma abierta y flexible.

Ese proyecto me pareció fantástico, por lo que decidí tomarlo como inspiración para hacer una retrospectiva sobre el trabajo educativo en los museos, y reflexionar sobre los elementos que creo lo integran, vistos como ingredientes, especias o acciones para construir de manera creativa la practica y la reflexión teórica de la Educación en el museo y que conformar múltiples formas de experimentar el museo.

Esta recopilación de ingredientes no pretende más que introducirnos juntos, en un universo personal, profesional y colaborativo tan rico, aromático y vivencialmente lleno de experiencias creativas, multidimensionales de los educadores en museos. Aquí a manera de analogía, la cocina y los fogones nos plantea un espacio de construcción y reconstrucción constante: ahí donde en equipo se crean propuestas (proyectos o actividades), donde en solitario confrontamos con nuestro propio proceso, desgaste, nuevas ideas y dónde nuestras innovaciones son "degustadas" por los visitantes (comensales), quedándoles  experiencias y recuerdos imborrables que marcan la diferencia entre un museo y otro.

Iniciemos este viaje culinario-museológico para revisar y reflexionar sobre estos primeros ingredientes, su secuencia, pertinencia o exclusión en nuestras propias prácticas como educadores de museos. Haz la cata y agrega tus propias mezclas y comparte.

Empecemos...

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