Carnaval de libertad

Leonardo Casado.



Ciudad Vieja, Montevideo.




Es febrero y el barrio lo sabe. No sólo porque es temporada alta y las callecitas de arquitectura ecléctica se pueblan de turistas locales y extranjeros intentando su parada gastronómica en el Mercado del Puerto, sino porque el clima que se respira es el de carnaval. Fiesta colectiva que en el Uruguay goza con ostentar el título de ser la de mayor duración en el mundo, exactamente cuarenta y cinco días.

Ahora bien, ¿qué unirá la Ciudad Vieja con el carnaval? Sin duda, mil historias de mujeres y hombres que al sonar de tamboriles y canto de murga, encontraron una casa abierta a la memoria de esta expresión popular: el Museo del Carnaval de Montevideo (MCM). Un espacio creado en 2006, que como bien expresan sus miembros es una puerta de entrada al espíritu del Uruguay.


MCM es la primer institución cultural uruguaya administrada bajo la forma de fideicomiso, un ente mixto del Estado, constituido por la Intendencia de Montevideo, la Administración Nacional de Puertos y el Ministerio de Turismo y Deporte y el Ministerio de Educación y Cultura, con la administración de fondos de la Corporación Nacional para el Desarrollo.

El Museo del Carnaval auspicia entre sus objetivos el conservar y preservar documentación y difusión de la tradición viva de la cultura popular uruguaya, impulsar y desarrollar actividades no convencionales que fortalezcan la idea de la preservación y construcción de la fiesta más allá de la realización artística e impulsar una programación de cultura y ocio, con una infraestructura de servicios que lo consoliden como un espacio de encuentro para la ciudadanía y los turistas, en el contexto del proceso de recuperación del casco histórico de Montevideo. Misión inevitable y necesaria para nuestros compatriotas orientales,que tienen el carnaval grabado a fuego en su ADN.


Fruto del sincretismo pagano y cristiano, con alta carga del universo cultural africano -y de otras inspiraciones-, el carnaval es síntesis y proyección de un modo de asumir la cotidianeidad, de repensar los modos de ser y estar como colectivo social, de expresar las alegrías y quebrantos de un mundo que parece condicionar toda manifestación que nazca del pueblo.


El MCM es uno de los pocos museos que por su tipología supo romper desde su génesis las tradicionales limitaciones que plantea la museología decimonónica en lo competente al adentro-afuera. El carnaval es espacio público: calle, plaza, rambla, pero también lo es privado: clubes/salas de ensayo, espacios de construcción de trajes, composición y proyección entre sus gestores. Lejos de querer delimitarlo entre las paredes de una sala, el Museo del Carnaval busca ser un espacio público más, donde el patrimonio intangible que manifiesta este festejo como trabajo colectivo de letristas, modistxs, artesanxs, músicxs, bailarinxs, goce de un espacio de socialización nuevo a través de dichas memorias, inscriptas muchas veces en el cuerpo.


El museo opera como mediador clave de un territorio con cientos de actores -murgas, parodistas, humoristas, agrupaciones de candombe- para resignificar con ellos la fiesta del carnaval, y al mismo tiempo repensar su rol como organización social, de y re construyendo sentidos al binomio adentro-afuera, pensándolo como caras de una misma moneda. Parte entera de un mismo patrimonio que desde 2009 fue declarado por UNESCO como expresión destacada de la humanidad.


El MCM desde su área de Relacionamiento con la Comunidad trabaja junto a 16 barrios de Montevideo. Articula con la Red de Escenarios Populares y la Red Metropolitana de Cultura Comunitaria, cárceles de Montevideo y alrededores. Desde diferentes acciones, proyectos y programas materializan postulados de la nueva museología, principalmente en aquellos que ponen en el centro a las personas. Desde el años 2016 el MCM gestiona el programa “El carnaval y sus artes”, como estrategia de vinculación con la Unidad Penitenciaria Femenina N°5 de la ciudad de Montevideo. Se trata de un programa llevado adelante por el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y el Museo del Carnaval, con financiación del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), con la finalidad de promover el cumplimiento de los derechos culturales de las mujeres privadas de su libertad, a través de la formación integral, el desarrollo de capacidades y la valoración de la cultura del trabajo.


De dicha articulación, el MCM realizó dentro del penal más diez talleres de formación en oficios propios del carnaval (vestuario, escenografía, maquillaje, entre otros) como posibilidad a las internas de acceder a su derecho a la cultura. Coordinado en su primer edición por talleristas del museo, las siguientes ediciones contaron con pasantes siendo un salto cualitativo a la institución dado que lograron con las pasantías el refuerzo de los objetivos del programa y particularmente permitir a las internas recluidas el trabajar e incluirse nuevamente en la sociedad, sentando antecedentes para su reinserción en un futuro cercano.


El fruto de los talleres como trajes, maquillajes y escenografías trascendió los barrotes. Llegó al tablado del museo -un escenario popular montevideano, donde actúan murgas, humoristas y parodistas durante el carnaval-, permitiendo que miles de personas durante las presentaciones musicales descubrieran otro modos de resignificar el patrimonio desde una institución pública como el MCM.


Dentro de las salas del museo se montó una exposición temporaria con el mismo nombre del programa: “El carnaval y sus artes”. En esta se expone -con la misma calidad museográfica que el resto del museo- el trabajo de las internas de la unidad penitenciaria a través de fotografías, microrrelatos y objetos producidos en los talleres como vestidos y maquetas de escenografías realizadas durante la experiencia educativa en la cárcel. La decisión institucional de incluir esta exposición en el marco de la permanente del museo, la sutileza de su título y explicación -sin ningún golpe bajo ni ventas mediáticas- y la valoración de las mujeres, sus derechos y su fuerza trabajo en tanto espacios de construcción de libertad son claves.


El difícil proceso de salida de la unidad penitenciaria para las ex internas es un sinuoso camino, plagado de restricciones materiales y simbólicas. El mandato enjuiciador social, que se refuerza directamente en la conocida institucionalización, deja escasas posibilidades a la (¿re?) inclusión de este sector de la comunidad.


Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos supo narrar Eduardo Galeano y este tangible deseo, aplica en esta historia. Parte del equipo del museo comparte el relato de Viviana (29), una mujer que privada de su libertad desde hace diez años -y tras cumplir su sentencia en diciembre de 2017- volvió a caminar del otro lado del muro. Ella fue activa participante del proyecto del MCM en la unidad penitenciaria. Recorrió los diferentes talleres propuestos cargando de sentidos su quehacer, construyendo su libertad con la excusa del carnaval. Tal vez, jugando a otra realidad, se animó a soñar con otros mundos posibles, con una realidad nueva por inventar.


Durante enero de 2018, Viviana pudo trabajar para el Carro de las Figuras del Carnaval de la Intendencia de Montevideo, que abre el Desfile Inaugural y el de todos los Desfiles Barriales. Ella pudo cobrar por su trabajo a través de la Cooperativa de Artistas y Conexos con todos los aportes legales que como trabajadora le corresponden. Su certificado de paso por los talleres dentro de la unidad penitenciaria no es cualquier papel dentro de su recorrida. Fue un puerta abierta a un trabajo, a una posibilidad para romper con los discursos deterministas que batieron profecías impuestas sobre su persona en la sociedad.

Cuando los museos pueden reconstruir su mirada sobre la otredad, los cambios sociales son inminentes. La clave está en reconocer el valor de estas micro revoluciones de lo cotidiano, gestadas desde un proyecto institucional y sostenidas con compromiso político por los equipos de trabajo.


El gran cantautor uruguayo Canario Luna, sobre el rol del letrista, dice no vayas a olvidarte que en lugar de tanto verso, cuantas veces el silencio es la voz de la verdad… Entonces, ¿podemos afirmar que ante tantas historias silenciadas y verdaderas, ausentes en los museos, vale ejemplo del MCM como invitación a sacarlas del olvido? Como en el tablado de la vida, los museos debemos cambiarnos de traje y empezar, como Viviana, otra vez.



Foto: Revista digital Eme de Mujer, Uruguay.

Agradecimientos: Alejandro Rubbo Sarralde -Director del MCM- y Gonzalo Alonso -Centro de Documentación e Investigación del MCN-

Contacto: Museo del Carnaval, Rambla 25 de agosto de 1825 Nº 218, Montevideo.

Web: http://museodelcarnaval.org/46014/

Email: museodelcarnavalcomunidad@gmail.com


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